
Antiguamente, para arribar al puerto de Portugalete o remontar la ría, las embarcaciones debían salvar un potente banco de arena que cegaba la desembocadura del Nervión. Los prácticos guiaban a los navíos que transitaban por el abra.
La solución definitiva se planteó en 1881 cuando el ingeniero Evaristo Churruca acometió la construcción de un muelle metálico conocido como Muelle de Hierro, prolongación del Muelle Nuevo.
El efecto sobre los cursos de agua y el depósito de arenas en el cauce fue inmediato, ganando calado el cauce y desapareciendo para siempre la mencionada barra arenosa.