
Esta impresionante obra civil, conocida como Puente Colgante, fue inaugurada el 28 de julio de 1893 y conecta a la villa jarrillera con el municipio de Getxo, en la Margen Derecha.
Su barquilla ya fascinó, días después de su inauguración, a la infanta María Isabel. Tanto, que cruzó en ella la Ría hasta siete veces.
Ante la necesidad de unir ambas márgenes sin entorpecer el intenso tráfico naval, se encargó al arquitecto Alberto Palacio la búsqueda de una solución.
Cuando se proyectó el Puente de Portugalete, o de las Arenas, un contratista francés, Dubois, se enfrentó al autor del diseño, el citado arquitecto e ingeniero Martín Alberto de Palacio. Para Dubois, la barquilla del trasbordador, la que trasladaba peatones y bultos, quedaría siempre en peligrosa inestabilidad. Ante lo cual, la ya constituída Compañía Puente de Vizcaya, que es el nombre exacto de este servosistema cuyos dos machones se afincan sólidamente en ambas márgenes del Nervión, sufrió retrasos y no pocas pérdidas. (Concedamos que vino a sustituir a otro, más antiguo e inestable, utilizado por los frailes de San Francisco, que sí que colgaba, como cuelgan esas pasarelas del Tibet y Los Andes).
De Palacio se empeñaba, y además con razón, en que sus planos eran perfectos; Dubois se enrocaba: erróneos. Y fueron, pues, francos-oro los muchos que se ofertaron a M. Gustave Eiffel, el prestigioso ingeniero de Dijon que en 1858 ensayara con éxito la cimentación por aire comprimido, para que ejerciese de árbitro 'ex cathedra' acerca de la viabilidad del proyecto. Lo cual confirma cómo se requería la reciedumbre basal de las pilastras del artilugio. Se aguardaba el diagnóstico conteniendo el aliento. Hasta que Eiffel dio el visto bueno a los cálculos de De Palacio y le quitó la terca razón al contratista Dubois. Se ignora qué fue de tan impertinente sujeto. ¿La cantidad de francos-oro a percibir por Eiffel por su veredicto acerca de la planificación original de De Palacio? 20.000. Veinte mil. Una cifra, al cambio bursátil de su época, inconmensurable.
El Puente Colgante, exponente de la Arquitectura del Hierro, fue una obra revolucionaria en su tiempo. Fue el primero de sus características en el mundo y es el único que sigue en funcionamiento. Su larguero, de 160 metros de longitud, se apoya a cada lado sobre dos torres de 61 metros de altura. Durante la Guerra Civil, en 1937, el travesaño cayó a la ría tras ser volado y el puente permaneció inhabilitado hasta su reconstrucción en 1941.
La ultima intervención se registró en 1999 con la sustitución por cuarta vez de la barquilla; también se instalaron unos ascensores panorámicos que dan acceso a la pasarela superior para permitir su visita, idea original de Alberto Palacio .